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Imagínese el mundo del siglo XXI. No el de principios (la actualidad, que de sobra conocemos), sino el que se nos viene encima. El mundo de los decenios de los años 30, los 40, los 50…, al final del cuál…

(esto tiene lugar durante el solsticio de verano del año 2050, o el solsticio de verano del 50, como dice la negra: […] así que la primera noche, también la primera noche de aquel verano, el verano del cincuenta, mientras la civilización llegó a buscarnos la pasamos solos […]),

… sucede el milagro, que milagro fue y estupefactos dejó a los miles de millones de habitantes de nuestro planeta Tierra.

¿Qué fue ello? No lo desvelaré, claro está, pero allí intervinieron fuerzas de las que aún no tenemos noticia. ¿Cómo íbamos a tenerlas, si los seres que las produjeron desdeñaban a la humanidad como interlocutora? ¿Para qué nos iban a necesitar, si ya existen los cetáceos?… Y es que no somos el centro del mundo, como muchos piensan, sino una especie que, si algo no lo remedia, está dando sus últimos suspiros.

Antes de nada: del 10 al 14 de este mes de septiembre se puede descargar la primera parte de este libro, la que se llama Allegro vivace, en la siguiente dirección: https://www.amazon.es/dp/B07G362J27

La aventura de las luces azules es la última de las novelas que voy a publicar, una narración futurista (una fantasía, por lo tanto, y una fantasía bonita), en la que se aborda el problema de la evolución (de la evolución de la materia, se entiende, que desde el big bang no ha cesado de reelaborar sus estructuras, galaxias, estrellas, seres vivos…), lejos, muy lejos de las coordenadas hoy cotidianas, toda esa anticuada e inane jerga de izquierdas, derechas y demás zarandajas con que se entretiene a las por definición acríticas sociedades actuales. Es preciso traer a colación asuntos nuevos, y pensar en ellos, pues el mundo que nos espera no se va a componer de lugares comunes y baladíes y trasnochadas frases hechas…

La aventura de las luces azules es un título que lo define a la perfección. Es una aventura, vaya si lo es –una innumerable sucesión de ellas–, y amén de otros elementos (la superficie de los continentes, sí, pero también la del océano, sus más profundos abismos y la inmensidad de los yermos espacios interplanetarios…), está aderezada por los efluvios –de los que no sabemos nada– de las ondas telepáticas, es decir, las que se supone que emiten –aunque aún no las hayamos detectado– máquinas tan complicadas como los cerebros de los animales superiores. ¿Y quiénes son los animales superiores?, se preguntará más de uno. Pues se supone que las personas… y los cetáceos. Hay más, y tampoco habría por qué circunscribirse a ellos, pero para no complicar el asunto, los personajes principales de la historia son tres: un europeo que nace el 1 de enero de 2001 –justo con el milenio–; una negra procedente de la selva caribeña y cuya mayor afición es el mar, y un cachalote del océano Atlántico; telépata, por supuesto. Entre los tres dan cuerpo a esta ingente narración –La aventura de las luces azules–, que se extiende durante 100 años y 800 páginas.

Esta no es una narración de ficción científica (impropiamente llamada ciencia ficción), puesto que aquí no se habla de ciencia (o se habla muy poco), pero que inevitablemente cuenta con elementos de ese género, como la telepatía y la presencia de inteligencias extraterrestres. Entendámonos, la presencia, que no quiere decir su aparición en escena en carne mortal, puesto que no creo que estos seres sean tan tontos como para descender a la Tierra que conocemos, y menos con la que está cayendo en la sociedad de analfabetos informáticos que caracteriza los tiempos actuales. Sin embargo, allí están, contemplándonos con estupor desde el lugar que ocupan…

La que publico ahora es la primera parte, subtitulada Allegro vivace, y luego, con intermedios de unos meses, seguirán las restantes, Rondeau, Scherzo allucinante y Andante con moto e finale.

¿Qué más quieren que les cuente?, porque podría hablar de tantas cosas… De las aventuras abisales de la negra; de los conciertos de puertas chirriantes en alta mar –puesto que la música es parte fundamental en esta historia; del astronauta perdido para siempre en órbita solar; de la bienaventuranza, especie vegetal de allende los espacios siderales; de la boda por ondas electromagnéticas y los coloquios con seres que están lejos, muy lejos… pero no diré más. El que esté interesado en leer semejante cuento, que cuento es, y provisto de colosal fantasía desbordada (es el mundo del futuro), ya puede hacerlo AQUÍ.

 

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Para una novela que, en todo o en parte (o en sueños), se desarrolle durante el verano. Y aquí vendría bien decir aquello de

» […] y compuse la cara, agité el vaso y, más que cantar, declamé, eel fina-al… deel verano… llegó, y tú partirá-as…, yoo no seé, haasta cuándo, este amor… recordaraás…, […]

»Bueno, sí, ha llegado el final de nuestro verano, dijo Charli un día que estábamos en la casa de la plaza de La Aduana alrededor de la camilla, pero es que todos los veranos se acaban y bastante ha durado el nuestro, ahora mismo empiezan otros, todos los días empieza el verano para alguien, jovencitos del planeta entero, negros, verdes, cobrizos, incluso blancos… […]

… lo que es un mínimo fragmento de un libro que se llama Charli en Wonderland y en el que se habla de aquellos veranos de la época del rock and roll,  cuando comenzaron a verse elementos que luego han sido tan comunes como las minifaldas, los pantalones vaqueros, las guitarras eléctricas y los bikinis… En fin, no quiero ni acordarme y hablemos mejor de los tiempos futuros, es decir, los que se describen en La aventura de las luces azules, narración futurista en la que se abordan asuntos tales como la telepatía o la comunicación con inteligencias extraterrestres que no quieren ni vernos (no me extraña, por otra parte) y tienen como interlocutores a los cetáceos… ¿Suena raro? Pues no lo es tanto, y cualquiera puede echar una ojeada a los asuntos mencionados en los enlaces de arriba.

Y como siempre, también existe ESTO.

 

(Esto, en realidad, está en Camaleño,

en los Picos de Europa, [España].)

 

Y esto otro está aquí

 

¿Qué es esto?, se preguntarán los lectores (porque esto es para lectores; los demás pueden dejar de leer desde aquí). Pues es una novela de aventuras en la que se narra la vida de un personaje que vivió 300 años. ¿Esto es posible? Bueno, si es posible o no, es lo de menos. Esto es un libro, una novela, una narración (también podría decir una película), entes en los que, como es sabido, todo es mentira.

La aventura completa consta de cuatro libros: Edad de las tinieblas (fin del siglo XVII y medio siglo XVIII); Siglo de las luces (resto del siglo XVIII); Era de las máquinas (siglo XIX), y Perpétuum móbile (siglo XX).

La historia de que hablamos pasa por lo tanto revista a todos esos tiempos, y está ambientada… ¿En dónde iba a estar ambientada, sino en el planeta entero?, porque 300 años dan para recorrer en planeta Tierra de cabo a rabo unas cuantas veces, que es lo que hizo el protagonista, Juan Evangelista, también conocido como niño diablo, hijo del cometa y lobo solitario

En este enlace

EDAD DE LAS TINIEBLAS

cualquiera puede descargar (GRATIS, por supuesto, y en el formato que desee; hay en PDF, en MOBI y en EPUB), el primero de los libros de que consta esta ingente saga, el que se llama Edad de las tinieblas, unas 230 páginas.

En la página a que te lleva el enlace veréis que se pueden descargar otras cosas (El notario de Liébana, Cuentos de hadas…). El que quiera, es muy libre de hacerlo.

Y en fin, no digo más, que para ponerse a leer, con lo dicho basta. De nada, de todas formas, y si alguien se queda con ganas de más, que mire AQUÍ.

 

Ya podéis ir preparando el lector y la cabeza, porque si estas estaciones que vienen, primavera y verano, se os complican (o sea, que os deja la novia o el novio, o en el trabajo se niegan a daros vacaciones, u os meten en la cárcel o en el hospital, o llueve…, o lo que sea), siempre podéis salvar el escollo y viajar, sí, viajar, aunque sea con los ojos de la mente, que tampoco es mala forma de hacerlo. Para ello, ¿qué mejor ocupación que la de leer libros de aventuras?

A los que les gusten estos libros,  narraciones históricas o contemporáneas, les puedo recomendar el siguiente enlace, en donde se pueden ver unos cuantos y hay donde elegir:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

Desde el 7 de este mes de mayo, hasta el 16, podéis conseguir dos de mis libros descargándolos en un portal en el que no meten virus ni troyanos: Amazon. Son estos dos:

 

El procedimiento es muy sencillo, pero como no me apetece escribirlo otra vez, mejor id a este blog (es otro de los míos), en donde se dan toda clase de detalles sobre cómo hacerlo:

https://camargorain.wordpress.com/

 

Que lo paséis bien si los leéis (yo creo que son divertidos), y en último caso también podéis mirar AQUÍ.

Julio Verne a los 25 y a los 50 años

Por supuesto, leí las novelas de este señor cuando era pequeño, y me había quedado un buen recuerdo; muy difuso, pues los años no pasan en balde, pero conservaba vivas la idea de su ingenio y la amenidad de sus relatos. El caso es que ahora he vuelto a leer diez de ellas, seguidas, que son:

Cinco semanas en globo

La isla misteriosa

Veinte mil leguas de viaje submarino

La vuelta al mundo en ochenta días

La esfinge de hielo

El volcán de oro

Miguel Strogoff

Dos años de vacaciones

Viaje al centro de la Tierra

Alrededor de la Luna

… y tengo que decir que este autor es un genio.

Dejando aparte las malas traducciones (a veces pésimas, aunque a veces, no se sabe por qué, medianamente correctas) y las peores ediciones (esto de las ediciones electrónicas clama al cielo), el fondo que te queda tras acabar semejante lectura (y salvar los innumerables escollos de las impresentables y ya citadas ediciones) es magnífico.

Por ejemplo: todos estos libros tienen algo en común, y es que en ellos, amén de las continuas aventuras con que adorna el relato, va pasando revista a lugares que en su tiempo eran casi desconocidos.

En Cinco semanas en globo es África de este a oeste (desde Zanzíbar a Senegal) vista desde el aire.

En La isla misteriosa: aventuras de unos náufragos en una isla desierta, a la que sacan el mayor partido posible.

Veinte mil leguas de viaje submarino: descripción del fondo del mar, y no de un mar, sino de todos los océanos, pues el larguísimo viaje transcurre por el Pacífico, el Índico, el Mediterráneo y el Atlántico.

La vuelta al mundo en ochenta días: como dice el título, la vuelta al mundo en su época, para lo que utiliza todos los medios de transporte imaginables: barcos, ferrocarriles, carros, elefantes…, e incluso un trineo a vela en el que los viajeros recorren parte de las llanuras centrales de los Estados Unidos.

La esfinge de hielo: viaje hasta el polo sur, en donde supone que hay un océano navegable. (Esta novela es una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.)

El volcán de oro: acerca de la vida en los placeres auríferos del norte de Canadá, lindando con Alaska, más allá del círculo polar.

Miguel Strogoff: relato de un viaje ambientado en Siberia, cuyos protagonistas la recorren desde Moscú a Irtkusk, casi en las mismas orillas del océano Pacífico.

Dos años de vacaciones: nueva narración de náufragos, en la que los protagonistas son un grupo de niños de seis a catorce años, capaces (como en La isla misteriosa) de sacar el máximo partido a sus adversas circunstancias.

Viaje al centro de la Tierra: los expedicionarios (un profesor loco, su sobrino y un islandés) no llegan al mismo centro, pero efectúan un largo recorrido por parajes fantásticos.

Alrededor de la Luna: continuación del libro llamado De la Tierra a la Luna, en el que se relata el viaje hasta la Luna, su circunnavegación y la vuelta a la Tierra.

 

Mi opinión es que la mayor parte de estos libros son unos monumentos de lectura obligada para los aficionados al género de aventuras. Tan sólo los dos últimos citados (Viaje al centro de la Tierra y Alrededor de la Luna) me han parecido un poco más flojos, quizá porque los lugares en los que transcurren son hoy más conocidos y choca el exceso de fantasía, pero el resto resultan totalmente creíbles, y la cantidad de datos que aporta sobre los lugares que describe va mucho más allá de lo esperado.

Julio Verne es conocido como «el padre de la ficción científica», y no en vano, puesto que imaginó máquinas que entonces no existían y hoy han sido construidas. Por ejemplo, las naves espaciales del programa Apolo o el submarino de Veinte mil leguas de viaje submarino, perfecto trasunto de los sumergibles nucleares existentes, tanto en su tamaño como en el aspecto con que lo describe. Es verdad que el suyo no era nuclear, sino eléctrico, pero esto, si bien se piensa, es un detalle menor, y para que se vea hasta qué extremo llegan estas semejanzas, el primer submarino nuclear que se construyó en los Estados Unidos (también el primero que pasó sumergido bajo el polo norte, lo que sucedió en 1958) fue bautizado con el nombre que dio Verne al suyo: Nautilus.

Una circunstancia que llama la atención y merece la pena reseñar es que los protagonistas de estas aventuras son casi todos hombres; algunos, como Phileas Fogg o el capitán Nemo, muy famosos. En los diez libros citados, tan sólo hay tres mujeres que tengan algún peso en el desarrollo de las historias: Nadia, en Miguel Strogoff; Aouida, en La vuelta al mundo en ochenta días, y, en menor medida, Kate, una chica que llega a la isla, igualmente náufraga, y que aparece casi al final de Dos años de vacaciones. Sin embargo, este es un detalle que, al menos para mí, carece de importancia. Él escribió lo que quiso, y no podemos por menos de agradecérselo.

Otras novelas de este autor, no citadas aquí, son: Los hijos del capitán Grant, Escuela de robinsones, Un capitán de quince años, Matías Sandorf, El soberbio Orinoco, El castillo de los Cárpatos, El archipiélago en llamas y muchas otras que podéis ver aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bibliografía_de_Julio_Verne

 

De paso, también podéis ver esto otro: Novelas de aventuras de Camargo Rain:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0