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Este es un lugar impresionante, a lo que se ve, y hay personas a las que la presente imagen bastaría para inspirarles el boceto de una novela de aventuras, más si el parque aledaño está lleno de gamos y ciervos (como es el caso), lugar en él que podría suceder cualquier cosa… Palacio rosa, cielo azul, lejanas montañas con nieve… ¿Y dónde es? ¿Alemania? ¿Nueva Zelanda? ¿Zululandia? Si no se conoce es difícil acertar, pero no hay que irse tan lejos: está al lado de Segovia. Es el palacio real de Riofrío, uno de los Reales Sitios, y la cordillera es la sierra de Guadarrama. Tampoco es que lo encuentres siempre así, sino sólo de vez en cuando, pero hay que tener la suerte de pillar el momento justo.
Y hablando de NOVELAS DE AVENTURAS

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Crucita y yo es una de mis novelas. No diré que la preferida, porque preferidas lo son todas (en esto sucede como con los hijos), pero me parece que tiene un pase. Sin embargo, por eso de que los árboles no dejan ver el bosque, no ha llegado a los lectores de la forma que había planeado: hay demasiadas novelas en este planeta, y resulta difícil que una sobresalga.

Bueno, pues por añadir algo diré que de ella se pueden hacer múltiples sinopsis. Por ejemplo, estas tres:

Crucita y yo

Esta es la vida de dos hermanas. La mayor se llama Nastasia, que con su madre emigró a la capital del reino cuando era pequeña. Veinte años después su madre volvió a quedar embarazada y tuvo otra hija, Crucita.

Las mujeres de este libro son fantásticas: Nastasia, Crucita, la abuela de las niñas, la madre, la tía Conchita –personaje de carácter…

Entre los hombres, en cambio, hay de todo. Del padre, mejor será no decir nada. El Rockero —el Rockero solitario—, el novio de Nastasia, es de lo que no hay, y los novios de Crucita son dos: Atahualpa, el bueno, y Rafa, del que igualmente callaremos.

Parece sencillo, pero no lo es tanto. Durante casi 700 páginas sucede de todo…, aunque no me tomaré el trabajo de destriparla: el que quiera enterarse, que la lea.

 

Lo anterior es un resumen sucinto, al alcance de todos los públicos, de lo que en las páginas del libro se cuenta. Sin embargo, esta labor (una síntesis de la narración) se puede abordar de mil maneras, y para que se vea que lo que digo es cierto y todo es cuestión de echarle más o menos fantasía al asunto, he aquí otra:

 

Crucita y yo

Crucita, niña rizosa, poetisa, trigueña, ojizarca…, y lo que es más, chavala espectacular, parlanchina a más no poder y señalada por el dedo del Cosmos, que no es cosa que se vea todos los días. Ser privilegiado, en suma, cuyas andanzas son largas y enrevesadas, sí, muy aparatosas y teatrales, y movidas…

Crucita, a quien también se conoció como Maricruz (pero eso no se dice porque es nombre de gallina), o como rubia, bella durmiente, niña pequeña, especie de maciza y otros muchos adjetivos del mismo tenor, nació de unos seres que se querían; vivió a cuerpo de rey toda su vida; se reprodujo, aunque no sin dificultades, y enfiló el camino hacia adelante con la satisfacción del deber cumplido.

¿Aún me escuchan…? Pues les voy a decir más. Palabras acabadas en culo hay muchísimas, casi todas de cuatro sílabas, y las principales son: báculo, cenáculo, pináculo y tabernáculo; vernáculo, espiráculo y oráculo; o bien, espectáculo, habitáculo, tentáculo y obstáculo…

 

Pero no queda aquí la cosa, sino que…

Crucita y yo es una novela, pero Crucita, su insigne protagonista, es una niña de las que no se ven –imagino que eso ha quedado claro–, aunque además es…

 C arismática

R ecomendable

U fana

C aradura

I lustrada

T eatrera

A tractiva

 Y uxtapuesta

 Y

O ptimista

 

 

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A muy grandes rasgos, se puede dividir en tres partes la historia del último millón de años en la península ibérica. De ellas, la primera, de la que no sabemos prácticamente nada, dura 988.000 años, es decir, casi todo este tiempo. La segunda, que iría desde el 10000 a.C al 1000 a.C., constaría de 9.000 años, larguísimo período, y por último, la tercera, de la que conocemos bastantes cosas, dura los últimos 3.000 años, desde el 1000 a.C. hasta la actualidad.

Tomando esto como criterio podríamos hablar de El principio, primera parte. Los pobladores sedentarios, es decir, el período en el que las personas, por imperativo de la agricultura y la ganadería, se asientan en el territorio (antes fueron errantes), época en que se ponen las bases de la sociedad que conocemos, y los últimos 3.000 años, cuando se desarrolla la sociedad hasta llegar al momento que vivimos.

Esta última parte se puede dividir a su vez en siete etapas, que son: La llegada de los pueblos de oriente; Las primeras invasiones (las de cartagineses y romanos); La época visigoda; La época musulmana; La España cristiana; La edad de oro y La España moderna.

La cronología, más o menos aproximada, de los últimos 3.000 años es la siguiente:

Los pueblos de Oriente; 1000 a 500 a.C. = 500 años

Cartagineses y romanos; 500 a.C. a 400 = 900

Época visigoda; 400 a 700 = 300

Época musulmana; 700 a 1000 = 300

España cristiana; 1000 a 1500 = 500

Edad de oro; 1500 a 1700 = 200

España moderna; 1700 a 2000 = 300

 

Por tantas y tantas edades ha pasado este trozo de tierra que conocemos como península ibérica, y quien escribe, que es aficionado a estas cosas, las ha tomado como motivos para unas cuantas novelas que se detallan muy por encima.

 

Dios conmigo sucede en la Edad Media y cuenta lo siguiente:

 

Un personaje ficticio –Ramón el calatravo– narra su existencia entera, que se cumplió a caballo de los siglos XII y XIII. Aprendiz de cantero, agricultor, herrero, siervo, soldado, señor de la guerra y constructor de catedrales góticas, desde el cenobio que habitó en las postrimerías de su vida rememora los lances que el albur le llevó a contemplar, entre los que descuellan la batalla de Alarcos y la de La Nava de la Losa, episodios que han pasado a la historia con letras mayúsculas.

Bereberes, traficantes, castellanos, reyes, ángeles y demonios, bailarinas y juglares, nobles y siervos, caballeros y labradores, gente de armas y de letras, dromedarios, sabuesos, simios, alanos, mulos y corceles y otros muchos animales que sería excesivo citar, componen la multitud que poblaba el mundo que le tocó vivir como uno más de los eslabones de la inagotable cadena de la humanidad, aquella que entre cerradas nieblas persigue fantasmas para concluir con las célebres palabras que dicen, ¡vanidad de vanidades…!, todo es vanidad.

Ojos azules es un compendio de episodios diversos que llevan desde la prehistoria hasta los tiempos actuales. Sus sucesivos protagonistas son descendientes unos de otros y tienen rasgos en común, como los ojos azules… En este libro aparecen los cazadores de las llanuras, los sumerios, fenicios, romanos y bárbaros de que nos habla la historia…, y todos ellos narrando su particular peripecia. Surgen las aldeas neolíticas, las ciudades antiguas, los oscuros bosques de la edad de las tinieblas (el mediœvo), los dieciochescos salones de la Venecia de Vivaldi… y los tiempos modernos. Y a guisa de ejemplo, este es el final de uno de los capítulos, que tiene como escenario la segunda cruzada:

Todos me miraron con interés, pues el comadreo era la ocupación más usual en el círculo en que me movía.

–Pues señores, ello es que me llaman el elefante… –e hice una marcada pausa–, lo cual se debe a que el alfil del ajedrez, personaje que siempre está al lado de los reyes, simboliza al elefante, ese animal que, incluso hoy, aún se utiliza en algunos ejércitos.

–¿No lo sabían ustedes? –inquirí triunfante de la curiosidad despertada, y tras contemplar los rostros de quienes me rodeaban, proseguí.

–Pero también a que en semejante juego –y allí entorné los ojos y bajé la voz– esta figura siempre se mueve en diagonal, es decir, torcidamente… –e hice hincapié en la palabra, porque el vocablo me satisfacía en lo más hondo y me reafirmaba en ciertos indicios que al vuelo había pescado acerca del aprecio que tan altas personas me profesaban, pues no me cabía duda de que aquellos torcidos manejos resultaban para ellos de suma utilidad.

–Pero aún hay algo más –continué ante el interés que leía en las caras–. ¿Saben ustedes cómo se me conoce también en ese eminente lugar que ocupan los poderosos?

El silencio se hizo en el grupo.

–¡Terrorista! –dije sin que un solo viso de temblor asomara a mi ambigua voz–. ¿Quieren creerlo…? Terrorista… Ese es el enigmático apelativo que las personas encumbradas añaden incomprensiblemente a mi afecta persona. Y ahora, díganme ustedes, señores míos que me escuchan: ¿sabe alguno de los que me rodean lo que significa semejante vocablo?

 

 

A Isidora no la he vuelto a ver, pues ya no me resulta necesario su concurso dado que mi situación está firmemente asentada. A lo que le dejé, que lo bautice como Jesús, pues con la voz de su nombre fue concebido. Ahora estoy ocupado con negocios más altos, y pocas cuestiones me pueden distraer de ellos. Mi señora ha faltado una vez más al respeto a su marido, el rey tonto, y allí soy necesario, ineludible. ¿Qué será lo que los reyes y sus consejeros encuentran en mi encogida persona? A veces se me figura desempeñar el desairado papel del santo Bernardo, que quedó atrás debido a su mala salud, pero mis pretensiones no son tan altas. Me maravilla pensarlo, y sólo se me ocurre una explicación: el rey es de madera, una con esmero labrada pieza del complicado juego que se dilucida en el entramado universal. No así la reina, esa avispada jovencita aquitana que, como su homónima, recorre las líneas sin que nadie pueda ponerle coto y presume de las gracias de que Dios la dotó ante cualquier galán que le salga al paso.

Y por último, he aquí El viaje del morisco, del que, entre otras cosas, se dice lo siguiente:

Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje del 1600 gaditano. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte…, sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de influyentes personajes entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte.

Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su transcurso, y de esta forma dejó escrito:

En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.

Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:

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Aparte de lo anterior traigo también unos LUGARES DE LA ESPAÑA CONTEMPORÁNEA, para que se vea cómo es hoy este país:

Película sobre la España actual que se puede ver aquí: https://youtu.be/1fenD06sYyc

Lo mismo, pero las fotos en sí, sin película (y sin música), también se pueden ver: AQUÍ.

Otros paisajes españoles diversos pueden verse AQUÍ.

Y además ESTO, que es sólo para elegidos.

 

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Pío Baroja (médico; San Sebastián, 1872-1956) es sin duda el mejor novelista español de la primera mitad del siglo XX (de la segunda lo sería Cela). De obra ingente, aunque no tanto como Galdós, escribió más de medio centenar de novelas que agrupó en trilogías y tetralogías.

Su manera de escribir es difícil de definir. En líneas muy generales, parece que no dice nada, pero que por algún arte que se nos escapa, no podemos sustraernos a la lectura. A propósito de su manera de hacer, lo mejor es leer lo que él mismo decía acerca de la novela, del género novelesco en su totalidad. Esto:

¿Hay un tipo único de novela? Yo creo que no. La novela, hoy por hoy, es un género multiforme, proteico, en formación, en fermentación; lo abarca todo: el libro filosófico, el libro psicológico, la aventura, la utopía, lo épico; todo absolutamente. Pensar que para tan inmensa variedad puede haber un molde único me parece dar una prueba de doctrinarismo, de dogmatismo. Si la novela fuera un género bien definido, como es un soneto, tendría una técnica también bien definida.

O también esto:

La novela, en general, es como la corriente de la Historia: no tiene ni principio ni fin; empieza y acaba donde se quiera. Algo parecido le ocurría al poema épico. A Don Quijote y a la Odisea, al Romancero o a Pickwick, sus respectivos autores podían lo mismo añadirles que quitarles capítulos. Claro que hay gente hábil que sabe poner diques a esa corriente de la Historia, detenerla y embalsarla y hacer estanques como el del Retiro. A algunos les agrada esa limitación; a otros nos cansa y nos fastidia.

(Estas citas están tomadas de Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Pío_Baroja).

Lo que viene ahora es de mi cosecha: Baroja es un grandísimo escritor del que no se puede prescindir (periódicamente releo cosas suyas), y si tuviera que aconsejar alguna de sus obras para trabar conocimiento con su manera de expresarse, me decidiría por El gran torbellino del mundo (1926), primera parte de la trilogía llamada Agonías de nuestro tiempo, en donde de palpable forma se advierte ese no decir nada que te lleva hacia delante de manera irresistible. Este libro, por cierto, es de viajes y amoríos, eso que tan de moda está hoy.

Las más conocidas de sus novelas quizá sean La busca, La feria de los discretos (narración histórica ambientada en la Córdoba del siglo XIX), Zalacaín el aventurero o Memorias de un hombre de acción (veintidós libros formando una especie de Episodios nacionales bis); y en fin, muchas otras, que ya digo que estamos hablando de un fuera de serie. Según se dice, ejerció influencia sobre Dos Passos y Hemingway, y desde luego, también sobre muchos autores españoles.

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Ahora otra cosa completamente distinta y que no tiene nada que ver con Baroja:

Esta es una película hecha con fotos y basada en contrastes. Por ejemplo: agua, cerveza; costa luminosa, costa nublada; cuadriláteros, redondeles; lugar acuático, lugar polvoriento…, y así sucesivamente.

Se puede ver aquí: https://youtu.be/1fenD06sYyc

Lo mismo, pero las fotos en sí, sin película, también se pueden ver: AQUÍ.

Y otros paisajes españoles diversos pueden verse AQUÍ.

Y ya, puestos a tratar de fenómenos extraños, los interesados en novelas de aventuras pueden mirar AQUÍ.

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Desde el 30 de noviembre, viernes, hasta el 4 de diciembre, martes, se podrá descargar GRATIS (et amore) la segunda parte de La aventura de las luces azules, la titulada Rondeau. En este libro continúan narrándose las aventuras de Eduguá, la negra y el cachalote del océano Atlántico, personajes que, merced al paso del tiempo, se van aproximando al desenlace que el futuro les tiene guardado. Eduguá vive la juventud (y todo lo que ello conlleva); la negra, no sin fortuna, emigra a los Estados Unidos, y el cachalote, en perpetua observación de fenómenos que no están a nuestro alcance, se establece como patriarca sobre las aguas y funda su propia manada. Al fin, ¿qué sucederá? ¿Llegarán a encontrarse y conocerse?

Esto será materia de la tercera parte (Scherzo allucinante) y sobre todo de la cuarta (Andante con moto e finale), episodios cuyos títulos ya indican las previsibles complicaciones e irán apareciendo durante los próximos meses.

El que, durante los días que se dice más arriba, quiera bajar gratis este episodio, puede hacerlo aquí:

https://www.amazon.es/dp/B07JQP1SVS

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Ahora otra cosa completamente distinta y que no tiene nada que ver con lo anterior (aunque también gratis):

Esta es una película hecha con fotos y basada en contrastes. Por ejemplo: agua, cerveza; costa luminosa, costa nublada; cuadriláteros, redondeles; lugar acuático, lugar polvoriento…, y así sucesivamente.

Se puede ver aquí: https://youtu.be/1fenD06sYyc

Lo mismo, pero las fotos en sí, sin película, también se pueden ver: AQUÍ.

Y otros paisajes españoles diversos pueden verse AQUÍ.

Y ya, puestos a tratar de fenómenos inexplicables, los interesados en novelas de aventuras pueden mirar AQUÍ.

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Ni siquiera sé si he dicho aquí algo de la primera (esta novela se compone de cuatro partes), pero si alguien quiere echarle una ojeada (a la primera) está AQUÍ. El caso es que acabo de meter la segunda, la que se llama Rondeau, en la que se continúan narrando las inacabables aventuras de Eduguá, la negra (la que bajó al fondo del mar) y el cachálote telépata que unas veces se llama Eudoxio y otras Juan Sebastián… Claro, porque es un sabio, aparte de cetáceo. (En la tercera parte es cuando sucede todo, lo del astronauta que se queda colgado en órbita solar [colgado de la gravedad, se entiende], y lo de la negra, que se va al fondo y no hay manera de sacarla. Para remediar todo esto, en la cuarta acaban por aparecer los extraterrestres, no digo más…, pero esto quizá sea correr mucho, y además no son unos extraterrestres como los que usted se imagina.)

Bueno, si alguien se anima, esta segunda parte se puede ver AQUÍ. Las que vienen a continuación aparecerán próximamente, dentro de unos meses, que la cosa tiene tela.

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Ayllón es un pueblo que está al este de la provincia de Segovia. En su plaza mayor hay de todo, iglesia, ayuntamiento, fuente, bares, terracillas, cerveza, comida castellana… Vale la pena acercarse hasta allí y pasar el día tomando el sol o la fresca, depende de cuándo vayáis. En este pueblo, además, hay casas y calles fantásticas, de las de otros tiempos, aunque es mejor no ir en fin de semana ni en puentes, que suele haber mucha gente y no te dejan ver nada. Y ya puestos, también se puede ver ESTO.

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