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Posts Tagged ‘años 80’

10 - gente en la calle 2

Aprovechando el paso del tiempo, pues de lo que digo hace más de 30 años, he colocado en Internet una recopilación fotográfica (esto ya es parte de la historia, la de quienes nacieron alrededor de 1960) contando por encima cómo fue aquello del Río de la Pila; entonces hacía muchísimas fotos, y este es el resultado…, y contemplándolas me divierte comprobar que tampoco cambian los tiempos tanto como dicen.

El Río de la Pila es una calle de Santander (la Santander española, que esto lo lee gente de todo el planeta) en la que antaño (ya digo, alrededor de 1980) hubo enorme movida. En aquellos tiempos no se conocía el actual fenómeno de las zonas (puesto que durante el franquismo nada de esto hubiera sido posible, como de hecho no lo fue), y el Río de la Pila, la calle y el revuelo que de repente en ella se produjo, fueron los precursores en Santander de semejantes manifestaciones, que luego se han generalizado.

Y por acabar de explicarlo, esto de las zonas consiste en lugares (calles llenas de bares, por lo general) en los que se concentra la gente joven para, ya se lo pueden imaginar, charlar, comer, reír, gritar y, sobre todo, beber…, pero basta de literatura, y si ustedes quieren echar una ojeada por este túnel del tiempo, vayan al enlace que sigue, en donde se narra aquel antiguo episodio con cierto lujo de detalles.

https://docs.google.com/presentation/d/1NQ5YY0LAn6O3BEb6IwmQ0yVvddA6WVtfl695YQPlJek/

 

 

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Esto ya es parte de la historia, puesto que han pasado más de 60 años para los miembros de aquella generación que afloró a la vida alrededor de 1950 (y durante sus primeros años coincidió con el comienzo de las minifaldas, los biquinis o el rock and roll, que ya es coincidir), y para celebrarlo (mejor habría que decir conmemorarlo) he recopilado un montón de fotos, las he armado como un cómic (o como una fotonovela, vaya usted a saber) y las he puesto a disposición de quien quiera ilustrarse acerca de la vida y milagros de aquellas personas… hoy tan mayores. Esto se puede ver aquí:

 https://docs.google.com/presentation/d/1AdXXEUy8R4yaEMCl8xXUCB7m337CMrHKf-mIZ6q9yeQ/

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He escrito un nuevo libro. En esta ocasión se trata de un retrato de la generación que vivió la segunda mitad del siglo XX, aquellos que nacieron mediada la centuria y tuvieron como puntos de referencia (en su juventud) lugares hoy tan comunes como el rock and roll, las minifaldas y los bikinis, que en los tiempos que digo supusieron una auténtica revolución.

El libro se llama Charli en Wonderland, que no se puede decir que sea un título muy transparente, pero ello obedece a que el personaje central de la historia se llama Charli, y a que el lugar en el que vivió fue ni más ni menos que el país de las maravillas, o a ellos se lo parece. Ahí es nada: de repente todas las chavalas, sobre todo las guapas, enseñando bien las piernas…

Él no habla nunca, sino que son los demás  –su hermano gemelo, los amigos, las novias que tuvo…–, quienes desarrollan el discurso y cuentan, durante multitud de episodios, lo que sucedió durante aquellos años (al personaje central y a todos los demás, que no fue parco).

El libro acaba con el advenimiento del siglo XXI, que cambió todo y dio paso a lo que en la actualidad vivimos. En fin, cincuenta años (los decenios de los 50, de los 60, de los 70, de los 80, de los 90…) que dieron muchísimo de sí, pues la cultura actual emana de aquella época que acabó… (etc., etc.), y estos haciéndose cada vez más mayores…

Aquí debajo pongo un trozo, que se podría datar hacia 1972, más o menos.

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RÍCHAR

Esto sucedió durante unas Navidades, pero no sé cuáles porque la memoria es muy vaga y traicionera; sin embargo, lo más seguro es que fuera el ultimo año que estuve en la ciudad vieja porque la abuela me dijo que ya estaba bien de entrar y salir y tocarme las narices, ¿no están tus amigos estudiando?, pues estudia tú también algo, aunque sea administración de empresas, que ya tienes veinte años y vas a tener que administrar bastante, ¿o prefieres trabajar?, y ante semejante argumento decidí poner tierra de por medio. ¿Habéis traído hierba de esa?, sí, un poco, ¿quieres?, y yo los miré, ¿tú qué crees? Sólo sé que habíamos vuelto de la bahía, habíamos salido Pancho, Charli y yo, el Trío Conché en pleno, en el barco de Pancho, o sea, del padre de Pancho, porque hizo unos días buenísimos, asurados, y fuimos a pescar. No se nos dio mal y volvimos con algunos cachones chorreando tinta y un poco de palangre, yo creo que había hasta salmonetes, estos para casa, y estos, que son más, para vosotros, que también sois más, ¿vamos luego a donde los Oyarbides?, los Oyarbides eran varios hermanos que conocíamos del colegio y tenían una boardilla enorme en donde hacían fiestas parecidas a las del garaje, sólo que ellos decían que se tiraban a todas las que entraban, mentira, claro, yo creo que sólo se tiraban a su chacha, eso sí lo sé seguro, y aquella noche, a lo mejor era la del día de los Inocentes, subimos los tres bien colocados, y en el ascensor Pancho dijo, de la hierba ni una palabra, ¿eh?, que estos son unos suicidas, y entramos y había un montón de gente, habían hecho una fiesta de verdad y estaba la flor y nata, estaba hasta el Tomasín, el que en la casa de ejercicios (de ejercicios espirituales, quiero decir, cuando nos llevaban en el colegio) dejaba los zapatos fuera del cuarto para que se los limpiaran y se los encontraba clavados en el suelo, que era de madera, lo que es no saber, menudo cachondeo se armaba, ¿y este era también aquel al que abrían el grifo del lavabo cuando estaba durmiendo y se meaba en la cama?, bueno, no sé, ese igual era otro o aquello sucedió en la mili, ya digo que la memoria es imprecisa y falaz, pero el caso fue que llegamos, saludamos a un montón de gente entre considerable tumulto, y al rato vimos que Deisi estaba allí, entre todos aquellos y quitándose de encima moscones a manotazos, y cuando nos vio se acercó y dijo, menos mal que habéis venido, ya no sabía qué hacer con estos, ¡qué pesados!, porque había muchas chicas, sí, y algunas bastante borrachas, pero Deisi, entre lo de su melenita y sus ojos azules, les gustaba más a todos, y aquellos, como decía Pancho, desde luego que eran unos suicidas, sobre todo en fecha tan señalada. Bueno, quiero decir que nos gustaba a todos, a mí desde luego, a Pancho probablemente también, y a Charli no digamos, aunque él decía que no y no se veían mucho, en la ciudad nueva nunca, o eso me habían contado, que era una cosa que me llamaba la atención, y lo que decía Charli debían de ser fantasías o ganas de marear, porque cuando se encontraban no acertaban a separarse ni a dejar de reírse, y aquella vez sucedió lo mismo, aunque acrecentado.
Estuvimos allí bastante rato, hasta que se acabó el vino, y le dije a Pancho, con estos no hacemos nada, que están todos muy borrachos, ¿nos vamos a cenar por ahí?, yo os invito, que me ha dado dinero la abuela, ¿dónde está Charli?, no sé, mira a ver, y como aquello era grande y estaba lleno de gente y de humo me costó encontrarle, y cuando le vi resultó que se lo estaba pasando muy bien, y Deisi mejor. Pancho estaba en otra habitación y no creo que los viera, pero aquellos dos estaban de pie, agarrados y morreando como si se les acabara el tiempo, ¡qué bruto el Charli!, y luego decía que Deisi no le gustaba…
Nena no fue a la ciudad vieja aquella Navidad y no se enteró de nada, se enteraría después, y cuando nos fuimos y bajábamos la escalera, viendo a Charli y a Deisi riéndose y bajándola a saltos cogidos de la mano, los encontré tan entusiasmados qué pensé, no sé por qué, pero me da la impresión de que esto de mi prima se va a acabar.

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