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Para una novela que, en todo o en parte (o en sueños), se desarrolle durante el verano. Y aquí vendría bien decir aquello de

» […] y compuse la cara, agité el vaso y, más que cantar, declamé, eel fina-al… deel verano… llegó, y tú partirá-as…, yoo no seé, haasta cuándo, este amor… recordaraás…, […]

»Bueno, sí, ha llegado el final de nuestro verano, dijo Charli un día que estábamos en la casa de la plaza de La Aduana alrededor de la camilla, pero es que todos los veranos se acaban y bastante ha durado el nuestro, ahora mismo empiezan otros, todos los días empieza el verano para alguien, jovencitos del planeta entero, negros, verdes, cobrizos, incluso blancos… […]

… lo que es un mínimo fragmento de un libro que se llama Charli en Wonderland y en el que se habla de aquellos veranos de la época del rock and roll,  cuando comenzaron a verse elementos que luego han sido tan comunes como las minifaldas, los pantalones vaqueros, las guitarras eléctricas y los bikinis… En fin, no quiero ni acordarme y hablemos mejor de los tiempos futuros, es decir, los que se describen en La aventura de las luces azules, narración futurista en la que se abordan asuntos tales como la telepatía o la comunicación con inteligencias extraterrestres que no quieren ni vernos (no me extraña, por otra parte) y tienen como interlocutores a los cetáceos… ¿Suena raro? Pues no lo es tanto, y cualquiera puede echar una ojeada a los asuntos mencionados en los enlaces de arriba.

Y como siempre, también existe ESTO.

 

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(Esto, en realidad, está en Camaleño,

en los Picos de Europa, [España].)

 

Y esto otro está aquí

 

¿Qué es esto?, se preguntarán los lectores (porque esto es para lectores; los demás pueden dejar de leer desde aquí). Pues es una novela de aventuras en la que se narra la vida de un personaje que vivió 300 años. ¿Esto es posible? Bueno, si es posible o no, es lo de menos. Esto es un libro, una novela, una narración (también podría decir una película), entes en los que, como es sabido, todo es mentira.

La aventura completa consta de cuatro libros: Edad de las tinieblas (fin del siglo XVII y medio siglo XVIII); Siglo de las luces (resto del siglo XVIII); Era de las máquinas (siglo XIX), y Perpétuum móbile (siglo XX).

La historia de que hablamos pasa por lo tanto revista a todos esos tiempos, y está ambientada… ¿En dónde iba a estar ambientada, sino en el planeta entero?, porque 300 años dan para recorrer en planeta Tierra de cabo a rabo unas cuantas veces, que es lo que hizo el protagonista, Juan Evangelista, también conocido como niño diablo, hijo del cometa y lobo solitario

En este enlace

EDAD DE LAS TINIEBLAS

cualquiera puede descargar (GRATIS, por supuesto, y en el formato que desee; hay en PDF, en MOBI y en EPUB), el primero de los libros de que consta esta ingente saga, el que se llama Edad de las tinieblas, unas 230 páginas.

En la página a que te lleva el enlace veréis que se pueden descargar otras cosas (El notario de Liébana, Cuentos de hadas…). El que quiera, es muy libre de hacerlo.

Y en fin, no digo más, que para ponerse a leer, con lo dicho basta. De nada, de todas formas, y si alguien se queda con ganas de más, que mire AQUÍ.

 

Ya podéis ir preparando el lector y la cabeza, porque si estas estaciones que vienen, primavera y verano, se os complican (o sea, que os deja la novia o el novio, o en el trabajo se niegan a daros vacaciones, u os meten en la cárcel o en el hospital, o llueve…, o lo que sea), siempre podéis salvar el escollo y viajar, sí, viajar, aunque sea con los ojos de la mente, que tampoco es mala forma de hacerlo. Para ello, ¿qué mejor ocupación que la de leer libros de aventuras?

A los que les gusten estos libros,  narraciones históricas o contemporáneas, les puedo recomendar el siguiente enlace, en donde se pueden ver unos cuantos y hay donde elegir:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

Desde el 7 de este mes de mayo, hasta el 16, podéis conseguir dos de mis libros descargándolos en un portal en el que no meten virus ni troyanos: Amazon. Son estos dos:

 

El procedimiento es muy sencillo, pero como no me apetece escribirlo otra vez, mejor id a este blog (es otro de los míos), en donde se dan toda clase de detalles sobre cómo hacerlo:

https://camargorain.wordpress.com/

 

Que lo paséis bien si los leéis (yo creo que son divertidos), y en último caso también podéis mirar AQUÍ.

Julio Verne a los 25 y a los 50 años

Por supuesto, leí las novelas de este señor cuando era pequeño, y me había quedado un buen recuerdo; muy difuso, pues los años no pasan en balde, pero conservaba vivas la idea de su ingenio y la amenidad de sus relatos. El caso es que ahora he vuelto a leer diez de ellas, seguidas, que son:

Cinco semanas en globo

La isla misteriosa

Veinte mil leguas de viaje submarino

La vuelta al mundo en ochenta días

La esfinge de hielo

El volcán de oro

Miguel Strogoff

Dos años de vacaciones

Viaje al centro de la Tierra

Alrededor de la Luna

… y tengo que decir que este autor es un genio.

Dejando aparte las malas traducciones (a veces pésimas, aunque a veces, no se sabe por qué, medianamente correctas) y las peores ediciones (esto de las ediciones electrónicas clama al cielo), el fondo que te queda tras acabar semejante lectura (y salvar los innumerables escollos de las impresentables y ya citadas ediciones) es magnífico.

Por ejemplo: todos estos libros tienen algo en común, y es que en ellos, amén de las continuas aventuras con que adorna el relato, va pasando revista a lugares que en su tiempo eran casi desconocidos.

En Cinco semanas en globo es África de este a oeste (desde Zanzíbar a Senegal) vista desde el aire.

En La isla misteriosa: aventuras de unos náufragos en una isla desierta, a la que sacan el mayor partido posible.

Veinte mil leguas de viaje submarino: descripción del fondo del mar, y no de un mar, sino de todos los océanos, pues el larguísimo viaje transcurre por el Pacífico, el Índico, el Mediterráneo y el Atlántico.

La vuelta al mundo en ochenta días: como dice el título, la vuelta al mundo en su época, para lo que utiliza todos los medios de transporte imaginables: barcos, ferrocarriles, carros, elefantes…, e incluso un trineo a vela en el que los viajeros recorren parte de las llanuras centrales de los Estados Unidos.

La esfinge de hielo: viaje hasta el polo sur, en donde supone que hay un océano navegable. (Esta novela es una especie de continuación de La narración de Arthur Gordon Pym de Edgar Allan Poe.)

El volcán de oro: acerca de la vida en los placeres auríferos del norte de Canadá, lindando con Alaska, más allá del círculo polar.

Miguel Strogoff: relato de un viaje ambientado en Siberia, cuyos protagonistas la recorren desde Moscú a Irtkusk, casi en las mismas orillas del océano Pacífico.

Dos años de vacaciones: nueva narración de náufragos, en la que los protagonistas son un grupo de niños de seis a catorce años, capaces (como en La isla misteriosa) de sacar el máximo partido a sus adversas circunstancias.

Viaje al centro de la Tierra: los expedicionarios (un profesor loco, su sobrino y un islandés) no llegan al mismo centro, pero efectúan un largo recorrido por parajes fantásticos.

Alrededor de la Luna: continuación del libro llamado De la Tierra a la Luna, en el que se relata el viaje hasta la Luna, su circunnavegación y la vuelta a la Tierra.

 

Mi opinión es que la mayor parte de estos libros son unos monumentos de lectura obligada para los aficionados al género de aventuras. Tan sólo los dos últimos citados (Viaje al centro de la Tierra y Alrededor de la Luna) me han parecido un poco más flojos, quizá porque los lugares en los que transcurren son hoy más conocidos y choca el exceso de fantasía, pero el resto resultan totalmente creíbles, y la cantidad de datos que aporta sobre los lugares que describe va mucho más allá de lo esperado.

Julio Verne es conocido como «el padre de la ficción científica», y no en vano, puesto que imaginó máquinas que entonces no existían y hoy han sido construidas. Por ejemplo, las naves espaciales del programa Apolo o el submarino de Veinte mil leguas de viaje submarino, perfecto trasunto de los sumergibles nucleares existentes, tanto en su tamaño como en el aspecto con que lo describe. Es verdad que el suyo no era nuclear, sino eléctrico, pero esto, si bien se piensa, es un detalle menor, y para que se vea hasta qué extremo llegan estas semejanzas, el primer submarino nuclear que se construyó en los Estados Unidos (también el primero que pasó sumergido bajo el polo norte, lo que sucedió en 1958) fue bautizado con el nombre que dio Verne al suyo: Nautilus.

Una circunstancia que llama la atención y merece la pena reseñar es que los protagonistas de estas aventuras son casi todos hombres; algunos, como Phileas Fogg o el capitán Nemo, muy famosos. En los diez libros citados, tan sólo hay tres mujeres que tengan algún peso en el desarrollo de las historias: Nadia, en Miguel Strogoff; Aouida, en La vuelta al mundo en ochenta días, y, en menor medida, Kate, una chica que llega a la isla, igualmente náufraga, y que aparece casi al final de Dos años de vacaciones. Sin embargo, este es un detalle que, al menos para mí, carece de importancia. Él escribió lo que quiso, y no podemos por menos de agradecérselo.

Otras novelas de este autor, no citadas aquí, son: Los hijos del capitán Grant, Escuela de robinsones, Un capitán de quince años, Matías Sandorf, El soberbio Orinoco, El castillo de los Cárpatos, El archipiélago en llamas y muchas otras que podéis ver aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Bibliografía_de_Julio_Verne

 

De paso, también podéis ver esto otro: Novelas de aventuras de Camargo Rain:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0

 

 

 

 

Desde hoy, lunes 19 de marzo (día del padre, san José y demás), hasta el sábado, gratis este libro aquí: https://www.amazon.es/dp/B079TBP55B. Si quieres leerla, no lo puedo poner más fácil.

Novela ambientada en la España de los Austrias, aquel abigarrado mundo de pícaros y descubridores, de señores y criados, de ovalados carros de seis ruedas, puertos de mar y palacios de piedra rodeados de palmeras. Es el sur, donde abundan el vino y los perniles, las riberas del océano Atlántico.

Juan Rui de Velasco, antes llamado Abenasar, es un personaje de 1600. Traficante, contrabandista, músico, fabricante de salmueras, coleccionista de arte…, sus actividades se extienden por las orillas de ambas Indias, las orientales y las occidentales. Con el apoyo de personajes con influencia, y asistido por sus socios, entra en el negocio de los transportes terrestres, que entonces comenzaban de la mano de una familia judía favorecida por el rey, los Taxis, y de esta forma, para reconocer el terreno, se embarca en un viaje que le lleva a recorrer la península ibérica de sur a norte: es el viaje del morisco.

Juan Rui de Velasco tomó largas notas durante su viaje, y dejó escrito:

En la amurallada población de Astudillo, mediado el mes de julio del año del Señor de MDCI.

Es de noche, y en las profundidades de una posada polvorienta, a la luz de un candil de aceite perfumado enarbolo la pluma y anoto lo que sigue:

En esta tierra de mieses y nubes blancas, en la que un claro tiempo nos acompaña, he descubierto el secreto mejor guardado.

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De manera paralela, aunque en el siglo XXI, varios personajes de fábula que tienen el castellano de idioma común, van a alumbrar las huellas de aquel viaje, tan lejano en el tiempo…, lo cual tiene lugar en diversos escenarios, tales como la Puebla de los Mártires, la campestre Ucrania, la ciudad de Londres o el estrecho de Mesina.

De paso, también podéis ver esto otro:

https://www.amazon.es/Camargo-Rain/e/B019RODFL0